domingo, 5 de enero de 2014

División no hundirá al PRD

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Por César Medina. Cuando Leonel Fernández proclamó que el PLD gobernará hasta el 2044– como si en el bicentenario de la Independencia se fuera a repetir el Trabucazo de Mella–, probablemente estaba pensando en la inminente división del PRD, proclamada ya a los cuatro vientos por sus más conspicuos dirigentes nacionales y con una disidencia lista para salir en febrero a procurar una gran alianza electoral con Hipólito Mejía como abanderado.

La formalización de esta nueva fractura sólo la contenía la dubitación de Luis Abinader, pero su jefe de campaña Peña Guaba ya lo admitió en una declaración de fin de año: “Solo un milagro salva al PRD de su octava división…” Abogando, de paso, por una alianza opositora que neutralice no sólo la continuidad peledeista sino a la otra mitad de su propio partido.
Coincidiendo con los más connotados voceros del pepehachismo tradicional, aparecieron en los últimos días del año algunos “viejos robles” del perredeismo añoso, entre ellos Ramón Alburquerque e Ivelisse Prats, con posiciones divergentes sobre el destino del PRD, mientras un cercano y juicioso colaborador, Teófilo Quico Tabar, planteaba públicamente la viabilidad de un frente opositor sin el PRD siempre y cuando lo encabece el expresidente Mejía. Alburquerque plantea la necesidad de abandonar definitivamente el PRD para formar una alianza en la que participen los principales partidos y entidades de la sociedad civil en un frente opositor de amplio espectro. La señora Prats, en cambio, opina lo contrario y considera que “el pleito” debe echarse adentro tomando el control del partido a través de los mecanismos institucionales.
Por boca de ganso… 
Es evidente que Peña Guaba habló por Abinader cuando adelantó la inminente “octava división” del perredeismo, y de paso olvidó a su hermana Abril al definirse como el único hijo de Peña Gómez que quedaba en el PRD. Abril le recordó que ella fue hija mimada del líder y que sigue en el PRD de su padre, al lado del actual presidente Miguel Vargas Maldonado.
En el PRD institucional también están la viuda de Peña Gómez, Peggy Cabral, y otras dos de sus hijas, y extraoficialmente se ha sabido que su hijo mayor, José Frank, presidente del Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS), se alista para entrar al “Bloque de la Esperanza” que organiza Vargas y del que ya forman parte otras cinco organizaciones políticas.
“Es posible que a la vuelta de unos meses el único de los descendientes de Peña Gómez y familiares más próximos que esté fuera del PRD sea precisamente Tony Peña Guaba”, comentó en conversación informal a La Tecla el propio Miguel Vargas que también habló de organizar un acto denominado “el gran reencuentro con su partido” de los hijos y demás familiares del líder fallecido.
Después de la declaración de Tony Peña adelantando la división perredeista en nombre de Abinader han surgido serias divergencias en el seno de su propio grupo porque una parte mayoritaria está en desacuerdo con abandonar el PRD “para dejárselo a Miguel Vargas”.
Además, se plantean cuál será el destino de ese proyecto político si se marchan a una alianza externa liderada por Hipólito Mejía, quien de seguro será proclamado candidato presidencial y la segunda posición en la boleta sería reservada a una figura aliada, probablemente Guillermo Moreno. “Abinader simplemente quedaría en el aire y sin perspectiva de futuro… Por eso es necesario que Luis defina cuanto antes cuál es la posición oficial de nuestro proyecto porque la mayoría de nosotros no está dispuesta a correr ninguna aventura fuera del PRD…”, declaró uno de sus allegados.
“Ni contigo ni sin ti…” 
El más serio problema que tiene ahora mismo Abinader es que su fuerza interna depende en más de un 80 por ciento de Hipólito Mejía.
Sólo un ejercicio de desprendimiento del señor Mejía podría colocar a Abinader a la cabeza de una fuerza alterna que eventualmente pueda surgir al margen del PRD.
Es un escenario analizado con maestría esta misma semana por un técnico de sólido prestigio y libre de toda sospecha, Teófilo Quico Tabar, quien focaliza la realidad histórica de una aventura electoral de esa naturaleza al considerar que sólo Hipólito Mejía, por su liderazgo y su condición de expresidente de la República, podría encabezar fuera del PRD un proyecto con una mínima posibilidad de éxito.
Una candidatura extra perredeista de Abinader estaría destinada al fracaso antes de comenzar, y pretender suplantar al PRD en cualquier otro proyecto electoral de futuro, sería sencillamente utópico.
No es necesario reiterar el destino que han corrido todos los que se han ido del PRD en tiempos distintos y en coyuntura electorales similares a las actuales, y si de algo sirve habría que citar a Bosch, Peña, Majluta, Hatuey… Sólo Bosch logró crear una fuerza alternativa exitosa y no vivió para verlo.
El futuro político del señor Abinader está subordinado al PRD y sus posibilidades reales se definirán posterior al actual proceso hacia el 2016. Marcharse ahora del PRD a la cola de Hipólito Mejía y junto a lo más viejo, desfasado y retrógrado de su partido, sería un suicidio inexplicable en su joven y fulgurante carrera.
Dentro del PRD– haciéndole oposición interna a Vargas, una oposición firme pero institucional y decente–, Abinader correría solo hacia la consolidación de un liderazgo de futuro que nadie le podrá disputar. Afuera no tiene nada qué buscar que no sea una súbita muerte política y ser sepultado junto al PPH y sus personeros más connotados.
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MIGUEL VARGAS LES MADRUGÓ 

Es obvio que Miguel Vargas se movió temprano, con agudeza y sigilo en la confrontación interna de su partido… Sus contrarios están entre la espada y la pared: ¡aceptan su candidatura o se van del partido! A menos de dos años y medio de las elecciones del dieciséis, entrando ya a un proceso eleccionario de más de cuatro mil posiciones congresuales y municipales, la aventura extra perredeista es altamente riesgosa y podría fracasar de antemano.
Lo primero es lograr la cohesión interna: ¿está ese sector lo suficientemente unido para dar un triple salto mortal y salir ileso? Cuando Juan Bosch fundó el PLD, el 22 de diciembre de 1973, las elecciones estaban a pocos meses y fundó el Bloque de la Dignidad Nacional con lo más granado que tenía entonces la oposición a Balaguer, con la “sociedad civil” y con la “clase pensante” que se fue con él del PRD… Resultó un total fracaso, un proyecto natimuerto.
Peña se quedó “con lo peor del PRD” –- de Casimiro Castro para abajo–, y formó una alianza histórica con el nombre Acuerdo de Santiago.
Balaguer tuvo que lanzar la guardia a la calle para forzarlo a abstenerse y evitar que ganara con Guzmán de candidato.
Ha sido una constante histórica: las divisiones del PRD jamás han destruido al PRD… Esta “octava división”, como le llama el hijo chiquito de Peña Gómez, pudiera terminar en una auto purga necesaria en un organismo enfermo, lleno de tricocéfalos que han minado sus energías, capacidad y resistencia.
No sería nada nuevo. Es lo que ha ocurrido siempre….
¿QUIÉNES SON LOS QUE SE VAN…? 
Es poco probable que la aventura divisionista en el PRD arrastre a las principales figuras del relevo en ese partido.
Habría que ver si dirigentes importantes como Guido y Neney estarían dispuestos a lanzar por la borda su inversión política de toda la vida en aras de un liderazgo sin futuro como el de Hipólito Mejía.
Que constituye, por demás, un proyecto político de escasa viabilidad fuera del PRD. Más aún, conscientes de que Miguel Vargas tirará su último cartuchazo en el dieciséis.
¿Se irán las jóvenes promesas que tiene el PRD, como Collado, Paliza, Arnaud, Sanz Lovatón? Esos jóvenes que se han desarrollado en base a su talento y que no tienen ningún compromiso con el pasado? Además… ¿qué futuro les aguardaría en un esperpento político que no le sobrevivirá a la coyuntura electoral que motiva su creación? Sería una locura dar semejante paso. Parece poco probable que la aventura divisionista pueda prosperar en los segmentos más representativos de ese partido… Aún en el caso de que abominen de su presidente Miguel Vargas.

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